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LA CARNE DE CERDO Y LOS PRODUCTOS CÁRNICOS EN LA PREVENCIÓN DE LA OBESIDAD

La obesidad es una enfermedad crónica que se caracteriza por un exceso de peso, es decir, un acúmulo de grasa corporal. Se debe principalmente a un desequilibrio entre las calorías consumidas y las utilizadas, es decir, se ingieren más calorías de las que se gastan.

La principal complicación de la obesidad es que lleva asociadas múltiples patologías como la hipertensión o la diabetes tipo 2, que es necesario controlar con la ayuda de una alimentación variada y saludable, actividad física regular y, en caso de necesidad, tratamiento farmacológico.

La carne de cerdo es baja en grasa en sus cortes magros y permite cocinados saludables sin necesidad de un aporte extra de grasa, como el cocinado al horno, al vapor o a la plancha, por lo que se trata de un alimento adecuado dentro del tratamiento y la prevención de la obesidad y el sobrepeso. Por ejemplo, un filete de lomo de cerdo (125 g) aporta 130 kcal, mientras que una ración individual de salmón (150 g) aporta más del doble, 273 kcal.

Por otro lado, la dieta diaria tiene que asegurar que el aporte de vitaminas y minerales sea el adecuado, lo que no ocurre en algunas dietas restrictivas, sin embargo, la carne de cerdo ayuda a cubrir estas necesidades.

Las dietas bajas en grasa son aquellas cuya densidad energética es menor y suelen contener más fibra, por lo tanto, pueden ayudar a aumentar la saciedad. Estas dietas pueden ser una opción adecuada cuando es preciso disminuir los niveles de colesterol del paciente. Los cortes magros de carne de cerdo y los productos cárnicos magros como el jamón serrano, lomo embuchado o jamón cocido son adecuados para ser incluidos en este tipo de dietas por su escaso aporte lipídico.

En definitiva, la carne de cerdo por su composición nutricional, asegura un correcto recambio proteico con un valor calórico similar al de otras carnes blancas. Se trata de un alimento adecuado en dietas de reducción de peso y control de la obesidad por su bajo contenido en grasa en sus cortes magros, su gran cantidad de proteínas y su adecuado contenido en vitaminas y minerales.

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La carne de cerdo en diversas situaciones fisiológicas y patológicas

La carne de cerdo de capa blanca tiene unas cualidades nutricionales que hacen de ella un alimento muy adecuado para incluir en la alimentación en diferentes situaciones fisiológicas y patológicas a lo largo de la vida. Si a esto le añadimos su rico sabor, fácil digestibilidad y versatilidad de preparación, podemos afirmar que esta carne tiene una gran cabida en una alimentación y estilo de vida saludables.

Principales patologías en las que se ajusta la inclusión de carne de cerdo de capa blanca en la alimentación:

Anemia ferropénica

En la mujer, la menstruación y el período de embarazo pueden provocar deficiencia de hierro y anemia como consecuencia de esta, sobre todo en mujeres deportistas. Por ello, es recomendable consumir alimentos con alto contenido en hierro de alta biodisponibilidad como la carne de cerdo de capa blanca.

Obesidad

La carne de cerdo de capa blanca es un alimento con un perfil lipídico de calidad, ya que dos tercios están compuesto por grasa insaturada. Además, en los cortes magros como el lomo o el solomillo, el contenido en grasa es poco más del 2 % y tiene un bajo contenido de grasas saturadas.

En línea con las recomendaciones de consumo, la carne magra de cerdo tiene un bajo porcentaje graso, con una buena proporción de ácidos grasos monoinsaturados y ácidos grasos poliinsaturados que componen un perfil lipídico de calidad, ya que un menor consumo de grasas saturadas contribuye a mantener niveles normales de colesterol sanguíneo.

Diabetes tipo 2

La base para prevenir esta patología es mantener un peso corporal adecuado mediante la combinación de actividad física regular y una alimentación adecuada, en la que la inclusión de la carne de cerdo de capa blanca tiene mucho que aportar.

Por su parte, los cortes magros son una fuente de proteínas de calidad con un bajo porcentaje graso y una gran versatilidad gastronómica, que permite cocinados sencillos como la plancha, asados o hervidos que no necesitan apenas grasas de adición. Por ello, encaja a la perfección en la alimentación de las personas con diabetes.

Por otro lado, existen algunas situaciones que requieren un mayor aporte de determinados nutrientes:

Deporte

La práctica de ejercicio conlleva un cierto desgaste muscular, por lo que un aporte adecuado de proteínas, que contribuyen al mantenimiento y desarrollo de la masa muscular, adquiere especial relevancia. En este sentido, la carne de cerdo es una excelente fuente de proteínas de calidad, así como de vitaminas del grupo B, como la B6, que contribuye al normal metabolismo de las proteínas y también del glucógeno.

Embarazo y lactancia

Una alimentación adecuada en esta etapa es de vital importancia para el correcto crecimiento y desarrollo del bebé, así como para favorecer el mantenimiento de la salud de la madre. Por ello, la carne de cerdo es un buen alimento para incluir en la alimentación de las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, ya que contribuye al aporte de las necesidades de proteínas, que aumentan en estas etapas entre 12 y 25 gramos en relación con las de la mujer adulta.

Además de su interesante perfil nutricional, la carne de cerdo de capa blanca es un alimento de gran versatilidad gastronómica. Por todo ello, la carne de cerdo es una opción muy acertada dentro de una alimentación variada y equilibrada para todos los gustos y etapas de la vida en el contexto de un estilo de vida saludable.

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